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Ayuntamiento

PATRIMONIO CULTURAL DE MÉNTRIDA

Méntrida tiene en su haber un notable legado de valor histórico-artístico-documental que todos debemos conocer, conservar e  incrementar por ser nuestro y estar al servicio de todos.

Toda la Villa, en su parte antigua, está declarada “conjunto histórico”.

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  Edificios Religiosos

El más importante y emblemático es el Templo Parroquial, de línea renacentista, del siglo XVI. Llama la atención su esbelta torre rematada en airoso chapitel. En su interior se conserva un amplio artesonado mudéjar, intere­santes retablos y esculturas, antiguos ornamentos y objetos para el culto, cruz parroquial y custodia gótica de plata, pila bautismal, excelente órgano tubular barroco, todo ello de los siglo XVI, XVII y XVIII. El templo fue declarado Monumento His­tórico-Artístico Nacional.

 Ermita de Ntra. Sra. de la Natividad.

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De mediados del siglo XVII, de estilo barroco, cen­tro de peregrinación de los mentridanos que visi­tan constantemente a su amada Patrona.

En su interior: Retablo barroco del siglo XVII, soberbio trono de plata para la Imagen de la Virgen, Cama­rín, de finales del siglo XVII.

Ermita de Berciana

A unos cuatro kilómetros, lugar de la aparición de Ntra. Señora en 1270, punto de cita con la Madre en su célebre Romería de cada 25 de Abril.

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Otras Ermitas desaparecidas

San Roque, Cristo de la Sangre, San Ildefonso, San Juan, San­to Ángel y Humilladero. 

Lugares Cívicos

Destaca nuestra entrañable Plaza Grandetípico y bello rincón, teniendo a sus lados el Ayuntamiento,  y la Casa del Pósito, reconstruida en el siglo XVIII, hoy Casa de la Cultura. Otro rincón de singular encanto, se encuentra en la Plazuela de la Iglesia, dedicada a Fray Alonso de Méntrida, misionero en Filipinas.

 La céntrica Plaza Chica, el Cerro del Cas­tillejo, agujereado por las viejas cuevas, en cu­yas tripudas tinajas se mantenía el caldo de la uva tinta, las calles estrechas y empinadas con sus recovecos y casas solariegas, la Alameda, con sus paseos y jardines, los antiguos huer­tos, los puentes de S. Roque, del Caño, de la Mina, de las Cuevas, de la Alameda, las fuentes del Callo, de la Rosa, del Clavel, el Pinote, el Camino del Prado, lugar de paseo resguardado de los vientos.

Otros edificios públicos son el Cuartel de la Guardia Civil, construido en 1923, Mata­dero Municipal, de 1927, Grupo Escolar, edificado en 1952, Cruz de Silva y Cruz de Gabriel Rodríguez, Monumento a D. Eulogio Jiménez, camino de Berciana, el desaparecido Palacio de los Duques del Infantado.

 

 

LA ROMERÍA DE SAN MARCOS, FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICO REGIONAL.

 EL CONTEXTO HISTÓRICO DE LA FIESTA

 Las fiestas que Méntrida celebra en honor de su Patrona se reparten en dos periodos anuales: abril y septiembre. Las de septiembre –del día 7 al 12– giran en torno a la celebración de la fiesta de la Natividad de la Virgen, siendo en la actualidad su programación y contenido muy similar a tantas otras que se celebran en los pueblos comarcanos en las semanas finales del verano. Sin embargo, las fiestas de abril –del día 24 al 27– revisten un carácter muy especial, con escaso parangón en nuestra comunidad autónoma.

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Las fiestas de abril conmemoran un legendario acontecimiento que se remonta a muy remotas épocas medievales, concretamente al siglo XIII. Por consiguiente, estamos ante una celebración cuyo origen secular la caracteriza como una de las de mayor solera de la región, directamente emparentada con algunas otras que surgen en el contexto histórico del afianzamiento del proceso repoblador de Castilla, tras la consolidación definitiva de la Reconquista del antiguo Reino de Toledo.

Estamos ante un prototípico caso de la imbricación del fenómeno religioso en el acontecer socio-político, como elemento cohesionador de las nuevas estructuras sociales surgidas al amparo del arraigamiento de los núcleos de población, que garantizaron la permanencia de los asentamientos originados por el movimiento repoblador posterior a la Reconquista.

Al mismo tiempo, el propio acontecimiento religioso traduce la imperiosa necesidad de entroncar culturalmente dos periodos históricos separados por el paréntesis que supuso en estas tierras la invasión musulmana: la monarquía visigoda con los reinos cristianos surgidos tras el avance de la Reconquista.

En este sentido, la imagen de la Virgen de la Natividad, exponente material de la que posteriormente será designada como Patrona de Méntrida, supondrá el eslabón de referencia que conecte culturalmente la nueva población nacida tras la Reconquista con la que habitaba estos pagos con anterioridad al siglo VIII, aportando así un elemento de continuidad histórica y cultural. Además, la propia imagen –descubierta en circunstancias que la leyenda adorna con tintes sobrenaturales– supondrá un referente aglutinador de carácter religioso, pero también social y cultural, que jugará un papel de primer orden en la configuración del núcleo repoblador que dio origen a Méntrida, aportando paulatinamente un buen número de tradiciones y costumbres que han ido formando un valioso patrimonio cultural heredado a lo largo del tiempo.

En efecto, el origen de las Fiestas de Abril de Méntrida, también llamadas vulgarmente Fiestas de San Marcos, hay que relacionarlo con el aparecimiento de una antigua imagen de la Virgen en la dehesa de Berciana, terreno comunal de la villa, distante 3 kilómetros de su actual caserío. De acuerdo con la tradición, la citada imagen fue encontrada por un anciano cabrero, Pablo Tardío, un 25 de abril de 1270.

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Los pormenores del acontecimiento fueron recogidos en un libro (Historia del prodigioso aparecimiento de la imagen milagrosa y soberana de Nuestra Señora de la Natividad, venerada extramuros de la villa de Méntrida) editado en 1734, obra de Fray Luis de Solís, religioso de la Orden de Mínimos de San Francisco de Paula, a la sazón predicador jubilado adscrito al convento de la vecina localidad de Camarena, que residió en Méntrida entre 1722  y 1737. Éste afirma haber conocido los detalles por un manuscrito datado en 1284, obra del entonces párroco de la localidad, don Braulio Gómez, que transcribe en su totalidad. También, tuvo oportunidad de consultar otro manuscrito (Declaración jurídica) supervisado por don Celedonio Mazaterón, asimismo párroco de Méntrida, fechado en 1653, que recoge a su vez un pormenorizado relato de diversos testimonios de la época, asentando el conocimiento que de lo ocurrido en 1270 se sabía, según la tradición oral.

Tanto el libro de Fray Luis de Solís como el manuscrito de la Declaración Jurídica obran en el Archivo Parroquial de Méntrida, pero está en paradero desconocido el antiguo manuscrito de don Braulio Gómez, del que se sabe que, al menos hasta el siglo XVIII, formó parte del archivo del monasterio benedictino de Santa María de Obona.

En 1996 el  párroco de Méntrida, don Jesús García Cuesta, ha publicado un libro en el que se hace una síntesis histórica del aparecimiento de la Virgen en Berciana –páginas 27 a 33–, a partir de los datos proporcionados por las fuentes antes reseñadas, al que nos remitimos para evitar prolijidad en este informe.

Conviene aclarar, antes que nada, que el lugar donde se produjo el aparecimiento de la imagen en 1270, hoy despoblado, fue sede de un antiguo poblamiento de origen incierto, pero muy anterior a la época de la invasión musulmana. Por lo que muy probablemente nos encontramos ante un ejemplo más de ocultación de imágenes sacras durante la referida invasión, para evitar su profanación por los mahometanos al tiempo de la conquista.

De acuerdo con la documentación histórica, tras el aparecimiento de la citada imagen, ésta fue trasladada a la parroquia de Méntrida, procediéndose a levantar una pequeña ermita en el montículo en donde se encontró, en Berciana, donde era llevada en romería cada 25 de abril, para conmemorar tan memorable suceso. 

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Por consiguiente, este es el fundamento del que arranca la celebración que, desde tan remotos siglos, se festeja en Méntrida en torno a esa señalada fecha de abril. La imagen, conocida en un principio como la Virgen de Berciana y venerada bajo la advocación de Nuestra Señora de la Natividad con el correr del tiempo, fue proclamada patrona de la villa. Su romería del día de San Marcos fue pronto la fiesta votiva por excelencia de la población.

Ya en las ordenanzas de la villa de 1567 (A.H.N. Osuna 2554-10) se hace mención al voto aludido, que se incorpora en una de sus primeras cláusulas, indicando la obligatoriedad de que al menos dos personas de cada casa vayan, el mencionado día de San Marcos, en procesión a la ermita de Berciana, debiendo el ayuntamiento mandar dar pregón cada año para recordar las penas en que incurrirían quienes infringieran dicha ordenanza.

ELEMENTOS GENUINOS DE LA CELEBRACIÓN

La práctica totalidad de las manifestaciones del patrimonio cultural ligado a la celebración de las Fiestas de San Marcos se aglutinan en torno a tres elementos substanciales: la mayordomía, el grupo de danzantes y la propia romería, eje central de la festividad.

La Mayordomía.

La mayordomía comprende un grupo integrado por un capitán, un alférez, ocho sargentos, varios trompetistas y tamborileros y algunos niños pequeños, entre 4 y 6 años, denominados mochilleres. Se les conoce popularmente con el nombre de los Sargentos y también con el de los Mayordomos.

El origen histórico de los sargentos parece estar relacionado con las repetidas contiendas entre segovianos y mentridanos a causa de los límites territoriales y los aprovechamientos de la dehesa de Berciana, que se producían  con ocasión de su apeo y  amojonamiento, que en ocasiones tuvieron lugar coincidiendo con la celebración de la romería.

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Un paréntesis para aclarar que el origen del contencioso sobre Berciana entre Méntrida y la ciudad de Segovia arranca desde la creación del sexmo de Casarrubios en la época de la repoblación. Desde entonces, Segovia consideró la dehesa como terreno comunal propio, en competencia con Méntrida, que defendía que era de su propiedad.

Ante esta situación tan beligerante, no era de extrañar que la imagen de la patrona marchase el día de la romería a Berciana protegida por algunas personas provistas de armas, con el fin de evitar posibles acciones violentas que dificultaran la pacífica convivencia de ese día tan especial.

En cualquier caso, no sería tampoco aventurado emparentar el origen tradicional de este grupo de soldadesca con las milicias concejiles medievales. La muestra que en varias ocasiones realizan durante las fiestas ante las autoridades del municipio, tanto en su ejecución como en los elementos que la integran, recuerda a los alardes militares medievales.

Se desconoce a quién competía organizar y llevar a cabo en un principio la actividad de la mayordomía. Con el paso del tiempo, esta tarea fue asumida por la hermandad de San Juan Bautista, conocida popularmente como cofradía de los Mancebos, por cuanto en sus orígenes sólo los solteros podían ingresar en la misma. Actualmente, son jóvenes voluntarios quienes se hacen cargo de la mayordomía, aunque hay excepciones, como ha ocurrido el último año en que los protagonistas han sido un grupo de jubilados de una misma quinta.

En la antigüedad, los sargentos y demás miembros de la mayordomía iban riquísimamente vestidos, pero luego abandonaron aquella indumentaria para usar como distintivo tan sólo unos sencillos galones dorados sobre el pantalón y un sable. En la romería del año 1991 lucieron nuevamente la típica vestimenta, a imitación de las figuras que aparecen pintadas en el camarín del santuario de la Virgen, datadas a finales del siglo XVII. Toda la mayordomía cubre su cabeza con sombrero de fieltro negro de tres picos, calzan zapato oscuro con medias blancas, que sujetan al pantalón bombacho de paño negro, camisa blanca con largo lazo, amplia casaca morada de paño aterciopelado, verde para el capitán y alférez, que sujetan con un grueso cinturón; los sargentos y mochilleres portan un sable.

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En la noche del 23 de abril la ma yordomía recorre las calles de la villa haciendo resonar el ronquido de sus tambores y el penetrante sonido de las trompetas, anunciando la proximidad  de la fiesta mayor en la llamada  alborada de los sargentos. Su actuación  proseguirá en las procesiones de los días siguientes de San Marcos, San Marquitos y San Marcazos.

Los danzantes.

Sin duda, uno de los aspectos más llamativos en las fiestas de abril, son los bailes rituales que el grupo de niños danzantes, conocidos popularmente con el nombre de los danzantes de la Virgen, ejecutan en honor de la patrona.

Su origen está ligado históricamente a la cofradía de San Sebastián. Sobre su presencia, se sabe documentalmente que ya en el siglo XVI tenían sus actuaciones en el día del Santo Mártir, patrono de la villa y titular de la parroquia. Al unirse las cofradías de San Sebastián y la Natividad en 1605, los danzantes pasaron a intervenir también en la fiesta del 8 de septiembre junto con los músicos chirimeros.

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A pesar de las dificultades económicas, de las limitaciones sinodales y las prohibiciones de la real orden de Carlos III en 1777, la parroquia de Méntrida conservó la danza en su patrimonio cultural en sus fiestas principales, desapareciendo las actuaciones de enero y septiembre cuando, en la primera mitad del siglo XIX, dejan de existir las cofradías que las apoyaban, para sobrevivir tan  sólo las de abril.

No tenemos evidencia documental sobre el número de protagonistas que intervenían en la danza, aunque parece ser que siempre fueron ocho hombres dirigidos por el alcalde de la danza, acompañados del tamborilero y gaitero; luego, se incorporó gente más joven  entreverada con los mayores, formando en ocasiones dos grupos, a los que se unían los chirimeros. Desde hace unos 40 años el grupo de danzantes lo integran ocho niños, entre los 9 y l4 años de edad, el alcalde de la danza, un tamborilero y un dulzainero. 

La indumentaria de los danzantes se compone de camisa blanca, chorreras con imagen de la Virgen y alfileres de pecho, banda azul o con los colores nacionales, pololos sujetos a medias blancas, tres enaguas almidonadas, moñas, escarapelas a la altura del costado, codo y rodillas, mantón de Manila, rojo o azul con largos flecos, y calzan zapatillas blancas atada a las medias. Sobre la cabeza lucen un gorro adornado con flores de papel de variados colores, en forma de tiara. El alcalde se atavía con un blusón floreado con tonos rojos o azules, amplio pantalón bombacho, escarapelas en codos y rodillas, lazo y alfileres en la parte superior de la camisa, sombrero de paja con copa plana engalanado con flores de papel y cintas, zapatillas y medias gruesas de color blanco; en su mano derecha ostenta una larga vara decorada con flores multicolores de papel, que mueve con maestría cuando dirige la danza. El gaitero y tamborilero se visten con calzón y chaquetilla de paño negro, camisa blanca, chorreras con lazo y alfileres de pecho, medias blancas  atadas a zapatillas negras, sombrero de fieltro negro con borlas, tipo teja; el gaitero se ciñe con un fajín encarnado. En el grupo, predomina el color rojo de su vestimenta cuando acompaña a la patrona en su romería a Berciana.

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Hasta nuestros días han llegado once tipos de danzas, distintos en su ejecución y composición melódica, sin que sepamos desde cuándo y cómo formaron parte de nuestro repertorio musical y coreográfico. Tradicionalmente se denominan: Marcha real,  Entrada o baile de los arcos, Habanera, Valmojada, Medio baile, Puentes, Pinos, Baile del cordón, Media jota, Baile de procesión y Diana. 

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A pesar del criterio restrictivo que tiene la hermandad de la Virgen a la hora de autorizar la actuación de los danzantes fuera del marco natural, por razones muy especiales, éstos han exhibido sus danzas en Palermo, en la Exposición Universal de Sevilla, en Madrid, en el Corpus de Toledo, etc.

En el atardecer de cada 24 de abril, después de conducir procesionalmente a la patrona desde su santuario a la parroquia los acompañantes,  mayordomía y danzantes se dirigen a la hermosa plaza del Ayuntamiento para presenciar la muestra de sargentos y danzantes y los tradicionales dichos, que se repetirán al día siguiente en la vega de Berciana.

Para proceder a la mencionada muestra, el público y autoridades forman un amplio círculo, que permita la actuación de los protagonistas. En primer lugar intervienen los sargentos, mochilleres, capitán, alférez, tamborileros y trompetistas que, al sonido de los instrumentos, desfilarán de dos en dos, haciendo una le ve reverencia ante el cuadro de la Virgen, que sostiene el párroco, flanqueado por el presidente de la hermandad y el alcalde de la villa. Después solicitarán permisos los mochilleres y el capitán  para ausentarse del grupo, y de nuevo requerirán autorización para hondear la bandera a guerra, que el alférez la hará bailar por dos veces, escoltado por los sargentos, que enarbolan sus sables en ademán de saludo, al tiempo que los músicos hacen resonar tambores y trompetas. Por último, toda la mayordomía, tras una respetuosa inclinación al cuadro de la Virgen, dejan paso al grupo de los danzantes.

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Éstos inician su  actuación con la recitación de los tradicionales dichos, que son sencillos versos dedicados a la patrona, con peticiones particulares y alusiones a los acontecimientos del pueblo. Se trata de una declamación entonada con una musicalidad muy característica, que se cierra invariablemente con la petición de salvas a la Virgen al público presente, cuya respuesta es obviamente decidida, sentida y alborozada. Comienza la recitación el alcalde de la danza, para continuar los niños, quienes pronunciarán cada uno su verso siguiendo un ritual específico en el momento de dirigirse a la presidencia del acto y volver a la posición de la formación, con movimientos precisos que se ejecutan al son del tambor y la dulzaina.

A continuación se procede a desarrollar las diferentes danzas. Se inicia el repertorio con el baile de los Arcos, utilizando palos curvos forrados con papel multicolor; para las danzas de la Habanera, Valmojada y Medio baile manejan las “paloteas”, que son dos palos esgrimidos por cada danzante, haciéndolos chocar con los del compañero, uno contra otro y uno contra tres, formando diferentes calles; en la Marcha Real utilizan también las paloteas, pero no es parte de la muestra, bailándose siempre que la sagrada imagen  entra o sale de sus ermitas o templo parroquial, y también cuando cruza el arroyo de Berciana; las castañuelas se usan tan sólo en los bailes procesionales delante de la Virgen. En la ejecución de los Pinos, los niños forman una especie de torre humana, al subirse unos encima de los hombros de los otros, para recibir en lo más alto al más pequeño en posición boca abajo. Concluye la intervención  de los danzantes con el baile del Cordón, en torno a un mástil alto, en cuya cúspide  se atan ocho cintas de colores, para ser trenzadas y destrenzadas por los niños, con movimientos muy rápidos, al son que marca la dulzaina y el tambor.

La actuación del grupo de danzantes aporta al conjunto de la fiesta, sin duda, una nota de color y tipismo muy sobresaliente. El esfuerzo que ponen en la ejecución de los distintos bailes resulta sorprendente, siendo muy reconocida y valorada su participación. Para ellos supone un honor danzar ante la Virgen.

  

La romería.

Dice la tradición, y en tal sentido se declara en la Información Jurídica de 1653, que la imagen de la Virgen desaparecía en ocasiones de la iglesia el día de San Marcos para volver a Berciana, al mismo lugar en que fue hallada por Pablo Tardío. Pero aquellas extrañas desapariciones cesaron, tan pronto como se edificó en la dehesa una sencilla ermita y el pueblo se comprometió a llevarla allí en romería cada 25 de abril.

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En tan sugerentes ámbitos de leyenda se hace ubicar la tradición del voto de la fiesta romera de San Marcos, auténtico núcleo de la festividad de abril. En esta jornada convergen la práctica totalidad de los elementos esenciales de la fiesta de la Virgen, en el privilegiado marco del encinar de Berciana, pletórico de vida, en los albores de la primavera. Allí se conjugan en una misma trama el rico folklore que adorna la fiesta, las más sabrosas expresiones culinarias de la cocina campestre mentridana y de su fina repostería, los justamente afamados caldos de la tierra –cuyo zenit ocupa el rancio, etiqueta inconfundible de las celebraciones mentridanas de postín–, el fervor religioso popular, y un ambiente de camaradería y hospitalidad que hace que nadie que acuda a Berciana con tal ocasión se sienta ajeno a la fiesta.

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La romería de Berciana es una de las de mayor raigambre y solera de la región. A ella acuden junto con los mentridanos un buen número visitantes, venidos de los pueblos comarcanos, además de la gran mayoría  de los hijos del pueblo que, por diversas circunstancias, tienen su residencia en otros puntos de la geografía nacional. Ha habido años en que el número de romeros concentrados en San Marcos ha llegado a triplicar la población habitual de la localidad. La romería es, pues, un privilegiado espacio de encuentro que propicia un clima especial de fraternal amistad, un ámbito idóneo para el reencuentro en torno a las tradiciones más queridas de los mentridanos y para la reafirmación de sus señas de identidad.

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Otro de los aspectos a destacar es la increíble fidelidad del pueblo de Méntrida para con el secular compromiso adquirido. El prístino voto de celebrar la romería a Berciana lo han venido cumpliendo escrupulosamente todas las generaciones mentridanas, siglo a siglo, año tras año, sin interrupción alguna, pese a los múltiples percances de todo tipo habidos a lo largo de los siglos. Ni las inclemencias meteorológicas, ni las epidemias, ni las guerras, ni ninguna otra contrariedad ha tenido fuerza suficiente para impedir en ninguna ocasión la celebración de la romería de San Marcos. Así lo atestigua la documentación de que se dispone referida al pasado más remoto y más reciente.

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La fecha del 25 de abril ha supuesto siempre el hito principal del calendario mentridano. Las ocho de la mañana de tan señalada fecha es una hora mágica para cuantos se sienten mentridanos, cualquiera que sea su condición social y su credo ideológico. En tan esperado momento los niños danzantes muestran su alegría con sus típicos bailes al son del tamboril y la dulzaina, los sargentos y mochilleres rinden sus armas haciendo honores, la banda local hace sonar las vibrantes notas del himno nacional, unidos con los instrumentos de la mayordomía, el alférez baila la llamada bandera a guerra y, mientras tanto, el alegre repique de campanas,  junto al estruendo de los cohetes, alargan el común alborozo a todo el pueblo, anunciando el cumplimiento del viejo voto y el inicio de la romería. En aquella hora sublime parece como si toda diferencia se disipara y el pueblo se siente uno bajo la amorosa mirada de la Virgen, constituyendo uno de los instantes más íntimos y  emotivos de la festividad.

Hay una mezcla de sentimientos y emociones que resulta palpable en el ambiente, no sólo para quienes viven la fiesta en profundidad, sabiéndose herederos, testigos y continuadores del legado tradicional recibido de sus mayores, sino también para los numerosos visitantes que se suman a la celebración, venidos de muy distintos puntos de la geografía. Sólo la autenticidad de los sentimientos es capaz de generar momentos tan emotivos.

EL PROGRAMA FESTIVO

Explicamos, finalmente, la sucesión cronológica de los actos que se programan a lo largo de los cuatro días que integran las fiestas. A destacar, el escrupuloso respeto a la tradición, tanto en lo referido a la organización como en todo lo tocante a la distribución de tareas y responsabilidades. Antes que nada, conviene aclarar que las Fiestas de San Marcos se organizan conjuntamente por el Consistorio y la Hermandad de la Virgen, que asumen a partes iguales los gastos de la fiesta. En cuanto a la organización de los diferentes actos tradicionales, ha sido siempre la Hermandad la responsable de perpetuar los festejos que se celebran a Nuestra Señora de la Natividad todos los años en el mes de abril, según recogen los Estatutos de 1917.

 Día 24 de abril. La Víspera.

En los últimos años, los días que preceden a San Marcos se han llevado a cabo diversos actos culturales y religiosos, como prólogo a las fiestas. Cabe destacar, en este sentido, la organización de exposiciones en las que se muestran al público de modo monográfico los distintos componentes del rico patrimonio acumulado por la imagen de la Virgen. Las dos llevadas a cabo hasta la fecha han versado sobre los mantos de la Virgen y sobre el vestuario parroquial empleado en las celebraciones litúrgicas, una interesante colección que reúne piezas confeccionadas entre los siglos XVII y XIX. Es de destacar también las representaciones teatrales que se han realizado últimamente, con el tema de la aparición de la Virgen en Berciana como argumento, recobrando así una antigua tradición de hacer coincidir con estas fechas la representación de autos y teatros.

Centrándonos ya en el programa festivo, cabe indicar que en la noche del 23 al 24 se lleva a cabo el anuncio solemne de la fiesta, que lo hace la mayordomía a son de clarines y tambores, recorriendo las calles del pueblo. En años pretéritos, el anuncio se reservaba al pregonero del concejo, quien, en cumplimiento de las ordenanzas municipales, pregonaba por calles y plazas el compromiso del voto adquirido por el municipio de que al menos dos personas de cada familia participaran en la romería de San Marcos, al tiempo que dictaba las penas en que incurrirían los infractores que no presentasen excusa suficiente y justificada.

Ya el 24 de abril, muy de mañana, será el grupo de los danzantes quienes anunciarán con su alborada la proximidad de fiesta mentridana por excelencia. Y lo recordarán nuevamente el chupinazo y el volteo general de campanas. Luego –siguiendo una reciente costumbre–, en la puerta de la ermita tendrán lugar el pregón y la ofrenda floral, con la muestra de sargentos y danzantes, terminando el acto con la participación de la banda de música en su alegre recorrido por las calles del pueblo. En la tarde, se organiza una solemne y concurrida procesión, para trasladar la venerada imagen de la patrona al templo parroquial, a la que acompañan los danzantes y la mayordomía. Después, en la plaza mayor, se procede a la tradicional muestra de sargentos y danzantes con la recitación de los típicos dichos. Concluye la jornada con la quema de una vistosa colección de fuegos artificiales.

Día 25 de abril. San Marcos.

Comienza la romería con la emotiva salida de la Virgen del templo parroquial a las ocho en punto. La imagen de Nuestra Señora de la Natividad recorre luego lentamente las estrechas calles del pueblo, entre el fervor y entusiasmo de sus muchos devotos, que se agolpan junto a ella. Va escoltada por la mayordomía –el capitán portando gallardamente la bandera de la hermandad, el alférez con la bandera multicolor, sargentos y mochilleres– y el grupo de danzantes, bailando ante la hermosa carroza de la Virgen, todos ellos vestidos a la antigua usanza, lo que contribuye a dar mayor vistosidad y colorido a esta ancestral romería, que conserva su tipismo, como en tiempos remotos. En las afueras de la población, junto al Pinote, en las proximidades del solar que ocupara la antigua ermita de San Ildefonso, la comitiva se detiene para hacer una salva a Nuestra Señora y despedirse ésta del pueblo.

Ya en Berciana, cuando la procesión da vista a la ermita, al cobijo de una vetusta encina se implora la bendición divina sobre los campos y las cosechas. Poco después, al llegar al arroyo, la comitiva queda detenida a la espera de la santa imagen, que pasará bajo arcos adornados con guirnaldas, gallardetes y enseñas nacionales, protegida por los sables de los sargentos, al mismo tiempo que el alférez agita la bandera en señal de júbilo, y en todo el monte resuenan las emocionantes notas del himno nacional, tocado por todos los instrumentistas y bailado por los danzantes. Una vez pasado el puente del arroyo, los danzantes reanudan  sus bailes por la empinada cuesta que conduce al cerro de su aparición, animados con los sonoros instrumentos. Allí, en la cima del montículo, junto a la ermita, tiene lugar la solemne concelebración eucarística presidida habitualmente por un sacerdote hijo del pueblo. Promediada la jornada, el numeroso público forma un amplio círculo en la explanada de la vega para presenciar la  Muestra de Sargentos y Danzantes, que está presidida por el párroco, el alcalde, el hermano mayor de la Hermandad de la Virgen y diversas personalidades –autoridades provinciales, regionales y nacionales– invitadas a la romería.

Terminada la muestra, las familias se dispersan por el monte para congregarse en torno a los tradicionales ranchos. Es el momento de degustar las buenas viandas, preparadas con todo esmero como manda la tradición. El cordero es el plato fuerte, bien regado con los tintos y claretes de la tierra. El rancio se reserva para el aperitivo, a base de embutidos y jamones, pero también para el exquisito complemento repostero: rosquillas bañásretorcíos, perronillas, y un dulce etcétera. Excusa extraordinaria para poner de manifiesto la hospitalidad propia de los mentridanos y su natural propensión a valorar la amistad, la armonía y la concordia como lo más sagrado. Cabe reseñar aquí la pérdida de uno de los elementos tradicionales de la romería: el reparto de la caridad, consistente, como en la mayoría de las restantes romerías castellanas, en la distribución de raciones de pan, queso y vino entre los romeros.

Cuando declina el día, el campanillo de la ermita anuncia el momento de retornar al pueblo, y los romeros van apiñándose junto a la patrona, que se despide del monte con el mismo ceremonial con que entró. Traspasado el histórico arroyo, el cortejo procesional reemprende el lento caminar hacia la parroquia con paradas en la cruz de Silva y puerta del cementerio. Mientras tanto, otro grupo procesional sale de la parroquia al encuentro de la Virgen, llevando en carrozas las imágenes del Resucitado, San Marcos, San Juan Bautista y San Ildefonso, acompañadas del párroco, algunos sargentos y fieles, que darán la bienvenida a la patrona en la entrada del pueblo, en donde tendrá lugar el emotivo  Recibimiento.

El jubiloso encuentro de ambas comitivas se produce junto a la cruz de Gabriel Rodríguez, con la actuación de todos los músicos y la intervención de los sargentos y danzantes, que irrumpen con sus bailes en medio de las dos agrupaciones. Concluido el acto, ambas comitivas se encaminan hacia el templo parroquial. La imagen peregrina de la Natividad hará su entrada en la iglesia en las primeras horas de la noche, despidiéndose de ella sus devotos, después de cantar el  popular himno.

  Día 26 de abril. San Marquitos.

 Este día se celebra una solemne Eucaristía y a continuación se lleva en procesión la sagrada imagen a su santuario, con la actuación del grupo de danzantes y mayordomía. En otros tiempos acompañaban a la patrona las mismas imágenes de santos que salían a su Recibimiento en la entrada del pueblo, costumbre que se pretende recuperar últimamente.

Desde hace unos años la misa del día de San Marquitos reviste un carácter especial, por cuanto se ha incorporado un cantoral específico (Misa Mentridana), adaptado a las melodías tradicionales con que los danzantes ejecutan sus bailes. Conviene dejar constancia también de la existencia de diversos himnos y plegarias dedicados a la Patrona que se vienen entonando desde mediados de siglo en todas las celebraciones de la Virgen, con letras de D. Antonio Jiménez-Landi y música de don Mariano Torres.

  Día 27 de abril. San Marcazos.

El día de San Marcazos es una jornada dedicada a la acción de gracias, en la que la mayordomía y todos los protagonistas de la fiesta se reúnen junto con el pueblo en la ermita, para celebrar la Eucaristía en la denominada Misa de los sargentos.

Por la tarde, en el parque de la Alameda, se celebran diversos actos lúdicos que congregan a buena parte del vecindario, organizando competiciones tradicionales, cuyo colofón es una traca final.

La celebración de estos juegos y competiciones se llevaba a cabo antiguamente también el día de la romería, en Berciana; al igual que bailes amenizados por la banda de música de la localidad y exhibición de bestias de labor. Estas actividades han quedado en desuso en las últimas décadas, como también han desaparecido algunas competiciones populares, muy del agrado de los mentridanos de otros tiempos, como el juego del boliche, que se organizaba tanto en Berciana como en la Alameda, los días de San Marcos y San Marcazos respectivamente, por la ya desaparecida hermandad del Santísimo Sacramento y Veracruz.

  

 

 

(Del Informe emitido para la tramitación de la solicitud de Fiestas de Interés Turístico Regional para la Romería y Fiestas de Abril en honor de la Patrona de la villa de Méntrida, la Virgen de la Natividad. Méntrida, noviembre/1998).

Juan Manuel Magán García. Licenciado en Geografía e Historia

UN POCO DE HISTORIA

La villa de Méntrida tiene sus orígenes históricos remotos en el actual despoblado de Berciana, antiguo asentamiento prerromano de la Carpetania, que muy probablemente se extinguió en la época de la dominación musulmana.

EL resurgir histórico de Méntrida es impulsado al amparo de la acción repobladora promovida desde la fortaleza de Alamin, fraguando el nuevo caserío como aldea de su alfoz, si bien en un nuevo asentamiento, en el solar que desde entonces ocupa.

A partir de entonces, Méntrida compartirá el discurrir histórico del señorío de Alamín, conociendo un breve lapso dominical realengo inmediatamente posterior a su reconquista, en 1085, antes de cons­tituirse en dominio eclesiástico de la Mitra Primada, por mor de su donación al arzobispo don Cerebruno, merced otorgada en 1180 por Alfonso VIII.

Algo más de dos siglos y medio después, en 1436, Méntrida y las demás aldeas de Alamín pasarán a engrosar la extensa nómina de propiedades del Condestable de Castilla, don Álvaro de Luna, gra­cias a una hábil operación urdida con el beneplácito de su herma­nastro, Juan de Cereceda, arzobispo de Toledo.

A La muerte del Condestable, Méntrida pasó al dominio de su hija, doña Maria de Luna y sus descendientes, los duques del Infantado, en cuya suje­ción jurisdiccional permanecerá hasta la extinción de los señoríos, en el siglo XIX. Uno de ellos, don Juan de Dios de Silva Haro y Hurtado de Mendoza, fijó en esta villa su residencia a principios del siglo XVIII, haciéndose construir un palacio en el que nacieron dos de sus hijas.

La distinción con el título de villa ducal, en la segunda mitad del siglo XV, marcará el despegue de Méntrida, vinculado a una intensa actividad ganadera y agrícola, especialmente relacionada con el aprovechamiento de sus dehesas y al cultivo de la vid y el olivar.

La prosperidad de la villa creció a lo largo de todo el siglo XVI, de lo que es símbolo y testigo excepcional su hermoso templo parroquial, de estilo renacentista, declarado Monumento Histórico Artístico Nacional.

EL ANTIGUO POSITO DEL TRIGO

 En el mismo edificio que se utilizó durante siglos como Pósito, se encuentra actualmente la Casa de la Cultura. Prolongando su tarea de servicio a los mentridanos en su aspecto material, la de ayer, y la espiritual, la de hoy.

La misión del Pósito consistía en mantener acopio de granos, especialmente de trigo, que luego era prestado a los vecinos más pobres, tanto para cubrir sus necesidades alimenticias como para sembrar en otoño, reintegrándolo en el verano con una pequeña parte añadida y unos pocos ravedís por fanega prestada.

El Pósito tenía carácter municipal y solía  instalarse en edificios propios, aunque fueran fundaciones pías, como es el caso de Méntrida. El origen de su primitiva estructura podríamos fecharlo tal vez en los postreros  años del siglo XV o a primera mitad del XVI, cuando la población mentridana aumenta considerablemente y construye sus casas y lugares públicos en torno a la ermita o iglesia de San Sebastián, y que por razones de capacidad y proximidad a los vecinos, éstos deciden ampliarla y constituir  la parroquia en lugar de la antigua de Santa Maria, que quedaría como ermita para la patrona en el barrio viejo.

Se edificó frente al Consejo o Ayuntamiento formando parte de la Plaza Grande, uno de los espacios más típicos del pueblo, con la iglesia parroquial al fondo. El desnivel con la calle Baluarte sirvió para abrir puertas a cada una de sus  dos plantas, quedando la parte bajera como matadero público y el piso alto para el Pósito con acceso a la calle Baluarte.

En el año 1552 entran en el inmueble las primeras cien fanegas de trigo donadas por el cura D. Antonio de Heredia, según se lee en su testamento: “En la Villa de Méntrida a seis días del mes de mayo, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo, de mil quinientos y cincuenta y dos años, este día ante mí Baltasar de Moya, escribano público y testigos, pareció presente el Reverendo y Magnifico señor Don Antonio de Heredia, prior de la Iglesia de la ciudad de Burgos y cura de la  Iglesia de la Torre de Esteban Hambrán y de la Iglesia de la dicha Villa de Méntrida, el cual con el deseo de servir a Dios nuestro Señor con celo de favorecer a los pobres de la dicha Villa y remediar algunas necesidades suyas, de su propia voluntad hizo limosna de CIEN FANEGAS de trigo de sus frutos y rentas y las libró para que las den y entreguen en poder del Cura o su lugar teniente y de los Alcaldes Ordinarios de la dicha Villa. Primeramente que estas cien fanegas de trigo se presten cada un año a las personas pobres que de ello tuvieren necesidad en la dicha Villa al tiempo que pareciere al dicho Cura o su teniente y a los dichos Alcaldes que ágora son y por tiempo fueren…”

A las cien fanegas del Prior se agregaron otras cien donadas por el Duque del Infantado en 1572, luego Doña Constanza Rodríguez añadió doscientas más en 1596 y D. Francisco Hernández depositó otras cuarenta en 1959, con la misma finalidad e idénticos patronos.

La función benéfico-social que desempeñó el Pósito durante varios siglos tuvo mucha importancia para aliviar las estrecheces de los labradores, particularmente en años de malas cosechas, aunque no faltaron los abusos y problemas reflejados en las visitas eclesiásticas.

El decaimiento de la pía institución se produjo hacia 1772, motivado a que los labradores no devolvían los préstamos y a que algunos de los patronos, recaudadores y depositarios se desentendieron del rescate y cobranza, pese a las apremiantes diligencias del visitador eclesiástico, quien en su acta de 1797 reitera la recuperación del caudal, que ascendía a 508 fanegas de trigo y 4.213 maravedís, “perdonando a los verdaderamente pobres el todo o parte de su préstamo y no omitiendo diligencia alguna contra los que puedan hacer efectivas sus deudas y restablezcan este tan laudable socorro”. El severo mandato del visitador tampoco dio resultado, con lo que desapareció el Pósito mentridano.